El auge de las vocaciones científicas en bachillerato
La matrícula en ciencias e ingeniería crece por tercer año consecutivo, impulsada por nuevos programas pedagógicos y el auge de la IA
Por primera vez en más de una década, España puede hablar con datos en la mano de una recuperación sostenida de las vocaciones científicas entre el alumnado de bachillerato. Según el informe anual del Ministerio de Educación y Formación Profesional, la matrícula en la modalidad de Ciencias y Tecnología ha crecido un 7,3% en el curso 2025-2026 respecto al anterior, completando así tres años consecutivos de incremento. El contraste con la tendencia de la década pasada, marcada por un declive sostenido y la alarma de universidades y empresas ante la escasez de titulados en ingenierías, es notable.
¿Qué ha cambiado? Los expertos señalan una confluencia de factores. Por un lado, el impacto visible de la inteligencia artificial en el mercado laboral ha redibujado la percepción social de las carreras tecnológicas: si antes el estereotipo del ingeniero o la científica parecía distante para muchos jóvenes, la omnipresencia de la IA en la vida cotidiana ha acercado la tecnología a un imaginario colectivo más amplio y diverso. Por otro lado, una nueva generación de programas pedagógicos orientados a la experimentación, la resolución de problemas reales y la robótica está cambiando la forma en que los estudiantes se relacionan con las ciencias desde edades tempranas.
El efecto de los programas de robotica y programación
La extensión de programas de robótica educativa en primaria y secundaria ha sido uno de los catalizadores más citados por directores de institutos y orientadores educativos. Iniciativas como el programa nacional Ciencia en Escena, la expansión de los clubs de robótica en centros públicos y la proliferación de actividades extraescolares vinculadas a la programación han creado un ecosistema en el que los estudiantes no solo aprenden sobre tecnología, sino que crean con ella. Esta diferencia —entre consumir tecnología y producirla— tiene efectos mesurables en la motivación y la autoeficacia.
Los datos de seguimiento de alumnos que han participado en competiciones de robótica como la First LEGO League o las olimpiadas de programación revelan una tasa de matriculación en bachillerato científico significativamente superior a la media. En algunos centros de Madrid, Cataluña y la Comunidad Valenciana que llevan más de cinco años con estos programas, la diferencia supera los 15 puntos porcentuales.
"Cuando un alumno de doce años ve que puede programar un robot para que recoja basura o diseñar una app que ayuda a sus abuelos a tomar medicamentos, la pregunta ya no es si le gustan las ciencias. La pregunta es cuándo empieza el próximo proyecto." — Beatriz Sánchez, coordinadora del programa STEM en el IES Ramón y Cajal, Zaragoza
La brecha de género: avances insuficientes
El crecimiento de las vocaciones STEM, sin embargo, no afecta de igual manera a chicos y chicas. Aunque la matrícula femenina en bachillerato científico ha crecido un 5,1% —el mayor incremento registrado—, la brecha de género sigue siendo significativa: las chicas representan apenas el 41% del alumnado de la modalidad de Ciencias y Tecnología, y el porcentaje cae hasta el 28% en las ramas de ingeniería informática y telecomunicaciones universitarias. La paradoja es que las alumnas obtienen sistemáticamente mejores resultados académicos en ciencias y matemáticas que sus compañeros varones en las pruebas PISA y en las evaluaciones de diagnóstico autonómicas.
Una sesión de programación en un centro educativo de Barcelona. Los programas de coding extracurricular están impulsando el interés por las carreras tecnológicas.
Las razones de esta brecha son complejas y multifactoriales: desde los estereotipos de género que persisten en el entorno familiar y social hasta la representación desigual de referentes femeninos en los materiales didácticos y los medios de comunicación. Los programas específicamente diseñados para despertar la vocación científica en niñas y adolescentes —como las iniciativas Girls in STEM o Chicas y Ciencia de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología— están mostrando resultados positivos, pero su alcance sigue siendo insuficiente para revertir la tendencia estructural.
La IA como acelerador y como interrogante
El papel de la inteligencia artificial en este fenómeno es doble. Por un lado, actúa como reclamo vocacional: la proliferación de noticias, debates y oportunidades laborales vinculadas a la IA ha generado un interés genuino en muchos jóvenes por entender cómo funciona y cómo se construye. Por otro lado, plantea un interrogante pedagógico de primer orden: en un mundo donde la IA puede resolver ecuaciones, escribir código y generar hipótesis científicas, ¿qué significa aprender ciencias? La respuesta que más consenso genera entre los educadores es que el valor diferencial humano reside en la creatividad, el pensamiento crítico, la formulación de preguntas relevantes y la comprensión profunda de los fundamentos, no en la ejecución de procedimientos. Y esas son, precisamente, las capacidades que los mejores programas STEM están tratando de cultivar.